viernes, 19 de diciembre de 2014

La metamorfosis en anuncios publicitarios IV. Ana Manso

Escarabajo tamaño humano busca maquillaje en cantidades industriales para intentar recuperar su apariencia de Gregor Samsa y atender al amable controlador de trabajo que pregunta por él.
Gregor Samsa. Calle Judeokafkiana nº 13, Praga
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Escarabajo que responde al nombre de Gregor Samsa necesita con carácter de urgencia un psicólogo que trate a la familia y al controlador, a quienes ha mostrado su actual estado físico.
Gregor Samsa. Calle Judeokafkiana nº 13, Praga
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Hermana de escarabajo con gustos peculiares en la comida ruega donaciones de todos los vertederos de Praga.
Gregor Samsa. Calle Judeokafkiana nº 13, Praga
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Padre de hombre de aspecto monstruoso, compra al precio que sea insecticida muy potente que derrote a escarabajo enorme tras el anterior intento fallido de lanzamiento de manzanas.
Gregor Samsa. Calle Judeokafkiana nº 13, Praga
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Escarabajo con gran depresión por falta de cariño busca familia con buen estómago y abierta a la adopción.
Gregor Samsa. Calle Judeokafkiana nº 13, Praga


sábado, 13 de diciembre de 2014

Rosas de papel - Inés Herrero Martínez

Rosas de papel - Inés Herrero Martínez


Llueve, corren a esconderse bajo el portal del edificio. Ríen mientras salpican el suelo de piedra, tiritando con la ropa pegada al cuerpo. Ellos dos se miran a través del resto, como si no hubiera nadie más.

Se sientan frente a frente, escuchando el susurro del agua a su alrededor. Un papel sobresale por debajo de la puerta, amarillo, negro y rojo, con letras blancas. Él lo coge, con sus manos grandes y ásperas.

Dobla la hoja, una y otra vez, dándole forma ante los ojos expectantes. Coge la mano de ella y pone su creación entre sus dedos. Una rosa. Ella acaricia el papel y le mira a los ojos, él sonríe.

v   

Ella llora en la cama. Hace frío, apenas distingue las formas de la habitación. Sobre la colcha una carta escrita con aire lejano, que parece despender el calor de otras manos mientras lee.
Es un sobre grande, una carta, un libro, una rosa de papel. Le tiembla el pulso cuando coge el tallo de la flor, acercándolo a su rostro, aspirando sin esperar nada, y sintiendo su olor quemándole por dentro.
v   

Coge su mano y cierra la puerta a su espalda. Caminan por la acera, hacia ningún sitio. Sus dedos se entrelazan de espaldas al mundo.
Regresan lento. Las sombras se alargan y las luces avanzan por la calle vacía. El dormitorio es pequeño, oscuro. El reflejo de una farola dibuja algo pequeño sobre el colchón, ella lo coge y ríe, huele a él. Bajo las sábanas siete rosas, rojas y verdes, siete rosas de papel.

v   

Él se marcha. Las ruedas de la maleta resuenan por el pasillo. Ella espera en la puerta, él va a la habitación, había olvidado algo. Le abraza con fuerza, le sujeta contra su cuerpo, no quiere soltarle nunca. Se va.
Ella camina por una casa vacía. Llega a la habitación al final del pasillo. Hay un vaso pequeño y brillante en su mesilla. Siente algo, cada vez más fuerte a medida que se acerca. Siete rosas, su colonia.
v   

Pasa un año, en una esquina esconde sus recuerdos, tres cartas, dos libros, algo lejano. Acaricia los estantes de madera, uno por uno.

Sus dedos trepan por el mueble. Una esquina, no llega la luz de la ventana, el polvo esconde la madera, y un vaso pequeño y brillante. Lo acaricia, sonríe mientras lo acerca a su nariz, pero está vacío. Papel roto que no huele a nada. 

viernes, 12 de diciembre de 2014

La metamorfosis en anuncios publicitarios III. Cristina Pumar




1. Propietario de tienda busca controlador para hacer visita a un empleado. Lo más rápido posible.
Contactar con Peter Müller, Calle Franz Nr. 22

2. Busco médico, hechicero, cualquier persona que pueda transformar un hombre convertido en escarabajo en hombre de nuevo.
Paga discutible.
Contactar Grete Samsa, Calle Praga 321, Piso 4d

3. Busca empleo, de cualquier tipo.
Contactar con Samsa, Calle Praga 321 4d

4. Piso a alquilar, dos habitaciones, comedor, salón y cuarto de baño.
450 euros al mes.
Calle de Praga 321, 4d, para concretar cita.

5. Se busca:
Señora de la limpieza que no tenga fobia a insectos y a la que no le importe recoger restos de comida podrida.
Se paga por hora.
Contactar con Samsa, Calle Praga 321 4d

6. Se busca funeraria que entierre a insectos tamaño humano.
Contactar con Samsa, Calle Praga 321 4d



La metamorfosis en anuncios publicitarios II. Por Mario Pérez "Kranke"






¡¡¡ATENCIÓN!!!

Se busca exterminador de plagas en la calle Praga número K. Se requieren trajes de aislamiento tóxico, y munición: de clase Manzana con estructura //3.04']*><53.9, debido al residuo químico peligroso proveniente de la enfermedad "gregorsamsanitis", demostrado que posee una capacidad de contagio hasta diez veces mayor que el ébola, y produce material extremadamente corrosivo: vómito ácido de cucaracha e infecciones que producen puntitos blancos de piel marchita en el abdomen inferior.

  El que acepte este trabajo tan repugnante tendrá derecho a exigir un mínimo de 10.000 al mes.

sábado, 29 de noviembre de 2014

viernes, 28 de noviembre de 2014

La metamorfosis en anuncios publicitarios

Inés Herrero



       Familia tranquila, clase media, busca sirvienta difícil de impresionar y poco escrupulosa para limpiar casa a tiempo parcial. Se ruega no se presenten personas con fobia a insectos grandes y dotados de inteligencia.

        Padre de familia, responsable y racional, necesita con urgencia exterminador discreto y eficaz, preferiblemente especializado en insectos más bien voluminosos y difíciles de matar. Se ruega la mayor rapidez posible.

        Mujer joven, hija única en estos momentos, busca sicario asequible para acabar con exterminador persistente. Se insta a los interesados que respondan cuanto antes.

        Madre de familia busca psiquiatra, muy profesional y especializado en terapia familiar para graves problemas de convivencia.


        Familia tranquila, clase media, busca cadáver extraviado por la ventana de un tercer piso en el centro de la ciudad. Se trata de un cuerpo de tamaño aparentemente humano, múltiples patas y una manzana en descomposición en el lomo. Si se encuentra rogamos su incineración inmediata y no recibir noticias del asunto.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Año kafkiano


Hemos empezado por nuestro querido Kafka y empiezan a verse los resultados, que se irán colgando en este blog poco a poco. Por ahora lo hacemos con un maravilloso cuento, El jinete del Cubo

Consumido todo el carbón; vacío el cubo; la pala, sin sentido ya;la estufa respirando frío; el cuarto lleno del soplo de la helada; ante la ventana, árboles rígidos de escarcha; el cielo, un escudo de plata contra aquel que le pida ayuda. Necesito carbón; no debo congelarme; detrás de mí la estufa despiadada, ante mí, el cielo igualmente despiadado: deberé cabalgar entre ambos y en medio de ambos pedir ayuda al carbonero. Pero ante mis súplicas habituales él se ha endurecido ya; debo probarle exactamente que no me queda ni el más leve polvillo de carbón y que, por lo tanto, él es para mí como el sol de los cielos. Debo actuar como el mendigo hambriento que decide expirar en el umbral de la puerta y a quien, por eso, la cocinera de los señores se decide a dar el poso del último café; así también, furioso, pero a la luz del mandamiento "no matarás", el carbonero tendrá que echarme una palada en el cubo.
Mi ascensión lo va a decidir; por eso voy hacia allí montado en el cubo.Jinete del cubo, y puesta la mano en el asa, riendas harto sencillas, desciendo penosamente la escalera; pero una vez abajo, mi cubo asciende; ¡magnífico!, ¡magnífico!; los camellos echados en tierra no se levantan sacudiéndose con más belleza bajo el palo del guía. Marchamos al trote por la callejuela helada; con frecuencia me veo alzado hasta el primer piso; nunca llego a descender hasta la puerta de la calle.
Ante el abovedado sótano del carbonero floto a extraordinaria altura, en tanto él, allá abajo, escribe, encogido ante su mesita; ha abierto la puerta para dejar salir el calor excesivo.
–¡Carbonero! –grito, con voz hueca, quemada por el frío y oculto por las nubes de mi aliento lleno de humo–, por favor, carbonero, dame un poco de carbón. Mi cubo está vacío, ya no puedo cabalgar sobre él. Sé bueno. Tan pronto pueda, te pagaré.
El carbonero se lleva la mano al oído.
–¿Oigo bien? –pregunta por sobre el hombro a su mujer, que teje sentada en el banco de la chimenea–, ¿oigo bien? Un cliente.
–No oigo nada –dice la mujer, respirando con tranquilidad por encima de las agujas de tejer, con un agradable calor en la espalda.
–¡Oh, sí! –exclamo–. Soy yo; un viejo cliente; un seguro servidor; sólo que momentáneamente sin medios.
–Mujer –dice el carbonero-, ahí hay alguien, hay alguien; no puedo equivocarme hasta ese extremo; tiene que ser un cliente antiguo, muy antiguo, para que así me hable al corazón.
–¿Qué te pasa hombre? –dice la mujer, y aprieta su labor contra el pecho, descansando por un instante–. No hay nadie, la calle está vacía y toda nuestra clientela está ya servida; podemos cerrar el negocio por unos días y descansar.
–Pero yo estoy aquí, sobre el cubo –grito, e insensibles lágrimas de frío velan mis ojos–. Por favor, aquí arriba; me veréis en seguida; tan sólo una palada; y si me dierais dos, me haríais más que feliz. Toda la clientela está ya provista. ¡Ah, si pudiera oírlo sonar ya en el cubo.!
–Voy –dice el carbonero, y quiere subir la escalera con sus cortas piernas, pero la mujer está ya junto a él, le coge por el brazo y dice:
–Tú te quedas. Si no desistes de tu testarudez, seré yo quien suba. Acuérdate de tu tos. Pero por un negocio, aunque sólo sea imaginario, olvidas mujer e hijo y sacrificas tus pulmones. Iré yo.
–Entonces dile todas las clases que hay en depósito; yo te cantaré los precios.
–Bueno –dice la mujer, y sube hacia la calle. Como es natural, me ve en seguida.
-Señora carbonera –exclamo–, la saludo; sólo una palada de carbón; aquí, en seguida, en el cubo; yo mismo lo llevaré a casa; una palada del peor. La pagaré toda, claro está, pero no ahora, no ahora.
¡Qué tañido de campanas son esas dos palabras, "no ahora", y qué turbadoraspara los sentidos que se mezclan al toque del reloj que precisamente me llega desde la cercana torre de la iglesia!
-¿Qué es, pues, lo que quiere? -exclama el carbonero.
–Nada –le replica la mujer–, no hay nadie; no veo nada, no oigo nada; sólo están dando las seis y nosotros cerramos. Hace un frío terrible; es probable que mañana tengamos mucho trabajo aún.
No ve nada, no oye nada, y sin embargo, suelta la cinta de su delantal y procura alejarme con él. Por desgracia lo consigue. Mi cubo tiene todas las desventajas de un animal de silla; carece de fuerzas para resistir; es demasiado liviano; un delantal de mujer obliga a sus patas a dejar el suelo.
–¡Mala mujer! –grito aún, mientras ella, volviéndose hacia el negocio, entre despreciativa y satisfecha, hace un gesto en el aire con la mano-. ¡Mala! Te pedí una palada del peor y no me la has dado.
Y así me elevo a las regiones de las cordilleras de hielo y me pierdo de vista para siempre.
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Franz Kafka
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